sábado, 6 de agosto de 2016

MONSTRUO DE GILA



El MONSTRUO DE GILA es un lagarto venenoso propio de las regiones áridas y cálidas del extremo norte de México y del suroeste de los Estados Unidos. Es un lagarto pesado, de movimiento lento y mide hasta 60 cm de largo. El monstruo de Gila es una de las dos únicas especies conocidas de lagartos venenosos, el otro es su familiar cercano, el lagarto de cuentas o "escorpión". Aunque el monstruo de Gila es venenoso, su naturaleza pasiva hace que represente poca amenaza a los seres humanos. Sin embargo, se ha ganado una reputación temible, y es matado a menudo por los caminantes y los dueños de las casas.

El monstruo de Gila es el lagarto más grande nativo de América del Norte, mide aproximadamente entre 35 y 58,5 cm de largo. Tiene una figura corpulenta con patas pequeñas, poderosas garras y una cola corta y gruesa donde almacena la grasa que utiliza como energía durante la hibernación o cuando hay escasez de alimentos. La piel del monstruo de Gila es rugosa, con marcas irregulares brillantes de color rosado, amarillo o blanco, sobre escamas negras o marrones. El monstruo de Gila se desplaza con exagerada lentitud. No sabe correr e intentaríamos en vano ahuyentar a uno de estos reptiles. De 500 g a 1 kg de peso, es un reptil pasivo de lentos movimientos.

Habita en las zonas áridas y desiertos rocosos de América del Norte y bosques tropicales secos. Vive en madrigueras que él mismo excava, o que ocupa cuando se marcha el propietario. El monstruo de Gila generalmente evita los calores extremos del sol del mediodía y es más activo durante las horas de la mañana y el atardecer. Permanece días y semanas sin salir de su guarida, y cuando finalmente se decide a abandonar su albergue lo hace con tiempo lluvioso y casi exclusivamente de noche.
El monstruo de Gila es un animal carnívoro que se alimenta principalmente de conejos jóvenes, ratones, ardillas, lagartijas, ranas, insectos, aves y huevos de aves, tortugas y serpientes. Detecta la presencia de las presas por el olfato, que tiene muy desarrollado, y también por el gusto, sirviéndose de su lengua como de un detector eficaz. Es un real tragón que devora todo lo comestible que encuentra. Estos lagartos atacan a sus víctimas mordiéndolas y aferrándose a ellas a la vez que ruedan sobre la espalda para permitir que el veneno fluya al interior de la herida sin dejar de masticar para infligir heridas aún mayores. Engorda rápidamente y se le infla la cola, porque es en esa parte de su cuerpo donde se le acumulan las reservas de grasa. Esta forma singular de alimentarse permite al monstruo de Gila ayunar durante mucho tiempo sin perjuicio. El bajo ritmo metabólico y su relativamente fresca temperatura corporal reduce más aún su necesidad de ingesta regular de alimentos.
En gran medida, el monstruo de Gila posee una fisiología especializada que le ayuda a mantener los niveles energéticos durante sus largos intervalos entre alimentos. Cuando un monstruo de Gila come, una glándula salival modificada dentro de su boca libera un compuesto llamado exendin-4, que fluye dentro del tracto digestivo y del torrente sanguíneo del lagarto. Mientras que los científicos tienen aún que confirmar el rol que juega el exendin-4, parece que prepara al cuerpo del Gila para recibir, procesar y almacenar nutrientes. Además, se cree que el exendin-4 tiene un rol en la regeneración del intestino del Gila, que se atrofia entre las esporádicas comidas para conservar energía.
Sus fauces van armadas, dentro de la mandíbula, de un par de dientes parecidos a los ganchos venenosos de las serpientes. El veneno, usado principalmente para defenderse, se segrega a través de unas glándulas situadas en la mandíbula inferior y fluye al exterior a través de unos surcos presentes en los dientes.

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